2022 es sólo otro recuadro en el indetenible calendario gregoriano que hoy nos ordena el tiempo y el espacio, social y personal.
Quizás muchos ignoran que esta forma de organizar nuestras horas, días, meses y años es bastante nueva, en parámetros terrícolas -y en variables cósmicas es menos que un pestañeo-, ya que la utilizamos desde hace apenas 500 años.
Empezó en lo que hoy es España y sus virreinatos en América y las islas Filipinas, y luego en Italia y Portugal.
No fue sino hasta 1752 cuando lo adoptó el Imperio Británico, que con su expansión y dominio territorial, el más grande de toda la historia, hizo que este sistema de almanaque fuera realmente global.
Al margen de este consenso imaginario en el que todos armonizamos nuestros relojes, los años son muy útiles y prácticos para estructurar proyecciones, planificar objetivos, medir rendimientos y formular balances sobre éxitos y fracasos.
Sobre esa base nos planteamos 15 desafíos fundamentales y urgentes en que los tucumanos podríamos enfocarnos para este 2022, que en su primera doceava fracción comenzó a los tropezones y sin, hasta ahora, aparentes reacciones de cambios reales.
También, listamos algunas fortalezas y virtudes que deberíamos conservar, cuidar y fortalecer.
1) Bendita y maldita agua
El sesgo tanguero que heredamos los argentinos en el último siglo nos hace destacar, a veces, primero la nostalgia, la tristeza, el pesimismo y el derrotismo. La zamba sería la embajadora del tango en el norte montañoso. Nos cuesta el optimismo y la historia reciente ayuda bastante para que así sea.
Cuando se producen tormentas muy fuertes, con ráfagas y granizo y cae mucha agua en poco tiempo, se producen inundaciones, algunas destructivas e incluso mortales.
“Siempre pasa lo mismo en Tucumán”, es la síntesis de lo que piensa una abrumadora mayoría de tucumanos. Y esto es mitad verdad y mitad no. Cuando ocurren estos fenómenos meteorológicos inclementes ni siquiera los países más desarrollados ni las ciudades más evolucionadas del mundo salen indemnes. Vemos tremendas inundaciones, aludes, rutas que desaparecen, puentes que colapsan y barrios enteros que se derrumban en Japón, China, Estados Unidos y Europa. Algo tiene que ver con el avance de la urbanización sobre la naturaleza y otro poco con que hoy hay gente y cámaras donde antes no había, aunque ocurría lo mismo.
La media verdad nos muestra que en Tucumán no se realizan obras hídricas importantes desde hace décadas, mientras las ciudades, en primer lugar el Gran Tucumán, crecen sin planificación y bajo un solo mandato: la anarquía.
Pese a que a la naturaleza nadie le gana, en el primer mundo se hacen obras todos los años para mitigar el desastre. ¿Podremos los tucumanos empezar en 2022 a hacer algo? O seguiremos sólo prometiendo.
La zona del puente Central Córdoba, según crónicas de LA GACETA, se inunda de la misma forma hace más de 70 años.
2) Más agua por arriba y menos por abajo
Parece un contrasentido, pero mientras los tucumanos nos ahogamos en la superficie, estamos cada vez más secos bajo tierra. La expansión del servicio de agua potable no viene acompañando el crecimiento demográfico y por eso cada año se suma más gente al equipo de los sedientos, de los insalubres, de las personas con necesidades básicas insatisfechas. A la par, la red de cloacas, que sólo llega a la mitad de la población, en los sectores donde sí existe es insuficiente y está colapsada. En medio de la pandemia transitamos sobre ríos de aguas servidas. Y el 50% de los tucumanos ni siquiera goza de ese privilegio.
En 2021 se comenzaron algunas obras, aunque a un ritmo tan tímido que no entusiasma.
3) Que tren que tren
¿Será 2022 el año en que por fin los tucumanos cuenten con un transporte público por lo menos decente? En 2021 se tocó fondo, batiendo récords de días sin colectivos, servicio que además es insuficiente para una metrópolis de un millón de habitantes. Otro contrasentido es que la gente tenga problemas para trasladarse en tiempo y forma en la provincia más pequeña del país. Planes de trenes urbanos y metrobuses duermen en algún escritorio de la burocracia. Y ahora un proyecto sin pies ni cabeza pretende provincializar el servicio de ómnibus, pero sin provincializarlo. Por un lado, porque lo van a subconcesionar a las mismas empresas que hoy lo administran, y por otro porque lo quieren hacer sólo para la capital. Otra pelea política mezquina, mediocre y corta de vista. Descalabro aparte son los taxis del área metropolitana, la mitad de ellos ilegales o casi, y los autos rurales, sin seguros, sin revisiones técnicas, sin autorizaciones. ¿Será 2022 el año de pensar en grande, ser creativos, innovadores?
4) Abandonados al mercado
Existen pocos símbolos más emblemáticos de una ciudad que su mercado central o sus mercados barriales. Son la síntesis más representativa de la idiosincrasia de un pueblo. Son el nexo más directo y “fresco” entre el productor y el consumidor. Y pueden ser además un gran polo de atracción turística, con gastronomía, cultura y productos autóctonos. El Mercado del Norte es un fiel extracto de la tucumanidad actual: poco y nada. Un edificio histórico abandonado en el corazón de la capital. No sólo no suma, resta y mucho al neurálgico microcentro.
5) Caminante no hay camino
La idea de ir devolviéndole al centro de la capital su escala humana, silenciarlo, tranquilizarlo, alejar al tránsito automotor, priorizar a los peatones y revalorizar los sectores comerciales comenzó a salir de su letargo. La prolongación de las semipeatonales y la revalorización de las peatonales debe celebrarse. También la rejerarquización de la Plaza Independencia, pese a que la campaña electoral quiso instalar la idea de que fue un fracaso, caro y poco transparente. Poco se dijo de las obras de infraestructura que se hicieron bajo tierra y que eran impostergables. Pasó la campaña y las críticas cesaron. La política suele tener esas coincidencias. Así como cesaron los ataques, también cesaron las obras de rediseño urbanístico. Si deberemos esperar a la próxima campaña para que los trabajos se reactiven entonces 2022 pasará desapercibido.
6) Bajo la sombra del viejo árbol
Cuando los tucumanos nos auto analizamos en perspectiva somos sorprendentes. Un día de sol pedimos más árboles en la ciudad y luego de una lluvia fuerte pedimos que los corten a todos. La verdad quizás esté a medio camino. Hay sectores donde la deforestación urbana es alarmante, con el centro a la cabeza, y hay zonas donde no hay mantenimiento de los viejos ejemplares o éste es insuficiente. Sólo en la capital hay más de 400.000 árboles. Supongamos que planeáramos podarlos una vez cada cinco años, nos daría como resultado 80.000 ejemplares por año, más de 6.600 por mes, 222 por día, y casi 10 por hora, suponiendo que las cuadrillas trabajaran las 24 horas. Aquí tenemos un gran problema que no estamos atendiendo y más en una ciudad donde faltan sombra y espacios verdes. El nuevo parque El Provincial es otra razón para celebrar, el predio de Campo Norte es otro motivo para temer.
7) Las más cortas, las más rotas
Una de las cosas más difíciles de explicarle a los visitantes es por qué la provincia más pequeña tiene las peores rutas de la Argentina. ¿Aquí llueve más que en Misiones? ¿Hace más calor que en Santiago? ¿Los caminos se congelan más que en la Patagonia? No hay explicaciones, salvo argumentos como desidia, incapacidad o corrupción. Después de más de 30 años de abandono, hace un mes el Gobierno anunció que comenzarán a reparar la ruta 307, intransitable desde El Infiernillo hasta Amaicha del Valle. Si esto se concreta (en Tucumán no suele ocurrir) será importante para los habitantes de esos pagos y también para el turismo, pero en la provincia la mayor parte de los caminos acusan deterioros, algunos serios, falta de mantenimiento y señalizaciones. Como el que une a la propia Amaicha con Santa María, donde se viaja a los tumbos del lado tucumano y cuando se ingresa a Catamarca parece Alemania. Las autopistas anunciadas, los puentes deteriorados, los accesos a la capital y el dramático Camino del Perú son otras urgencias para 2022.
8 y 9) Transparentes como el Río Salí
Entender que Tucumán es una de las cuatro provincias que no cuenta con una Ley de Acceso a la Información Pública ni tampoco con una Ley de Transparencia es comprender el estado de las cosas. Quizás en estas carencias se originan la mayoría de nuestros fracasos institucionales, que terminan generando el resto de las frustraciones, para terminar ubicándonos entre los últimos puestos nacionales en calidad de vida.
En el último Congreso del Foro de Periodismo Argentino (Fopea) se presentó una investigación sobre los gastos de insumos para combatir la pandemia: vacunas, respiradores, medicamentos, recursos humanos, nuevas terapias, ambulancias, y un largo etcétera. La única provincia argentina que no accedió a mostrar sus gastos fue Tucumán. La Corte Suprema provincial opinaría que está bien no haberlos mostrado.
Esta decadencia de las cosas va de la mano con el sistema electoral, que permite mantener hace años un statu quo intocable que puso a la provincia en un tobogán sin fin.
En el Congreso de la Nación existe cierto consenso en avanzar con una reforma electoral, que entre los principales puntos figuran el financiamiento de las campañas y la boleta única. ¿Será en 2022? ¿Y será otras de las leyes a las que no adherirá la provincia?
Seis por uno
Por una cuestión de espacio, a los últimos seis desafíos los vamos a resumir en un solo ítem. El décimo es que Tucumán necesita urgente generar empleos genuinos, la única forma real de crear riqueza, que sustituyan paulatinamente a los planes sociales y a la empleomanía estatal. Cada tucumano paga -o debería- 75 impuestos, entre cargas nacionales, provinciales y municipales. Una reforma impositiva es fundamental para atraer inversiones, no hay secreto en esto.
Para esto es necesario un gran consenso y bajar el nivel de confrontación (once), porque sobre cimientos divididos, o agrietados, nada puede construirse.
Ningún consenso es posible sin la verdad (doce). Y nos cabe a todos los ciudadanos -más a las autoridades- ser responsables cuando repetimos o reenviamos información que aunque nos convenga o nos guste no tenemos la certeza de que sea cierta. Lamentablemente, se estima que hasta el 80% de la información que circula en las redes es falsa o está incompleta, que es casi lo mismo.
Para estar más cerca de la verdad, una máxima periodística dice que hay que estar en el lugar de los hechos. Esto es que menos tecnología (trece) no siempre significa menos conocimiento, a veces es más. Nada nos enriquece más ni mejor que las relaciones interpersonales, la palabra franca, cara a cara, y que al final será la única forma de poder llegar a darnos un abrazo.
Penúltimo. Debemos pensar más en el futuro y no tan egoístamente en el presente. Es decir, pensar más en los niños (catorce), en su educación, en que sean buenas personas, que aprendan a no arrojar basura en la calle, a reciclar, a ser solidarios, a no promover la violencia, a que hagan deportes y artes, y a que aprendan que nadie se salva solo, pese al mal ejemplo que inculca la vieja política.
Por último, el mayor desafío de todos es amanecer cada día con la firme convicción de que vamos a cambiar el mundo, porque es mentira que no podemos, con apasionamiento, con trabajo y esfuerzo, con alegría, con mucho amor y, principalmente, con agradecimiento. Agradecidos de estar vivos, de poder soñar y de poder luchar otro año más.